miércoles, 26 de diciembre de 2012

Rosa Cal: "Se tiene que volver a luchar por lo que se había hecho antes"


Fotografía de K. Delgado, 'El Correo Gallego'.
Desde Ferrol hasta Madrid viaja, en la noche, un viento que mientras sopla, silba impenitente. También, con la misma fuerza y desde tierras gallegas, llega a la Universidad Complutense de Madrid la doctora en Pedagogía y PeriodismoRosa Cal Mar.  En la Facultad de Ciencias de la Información imparte la asignatura de Historia del Periodismo Universal, y mientras tanto dedica el resto del tiempo a escribir. 




“Era una parte de la historia que nadie había recogido, y que indudablemente había que hacer”, así de firme señala Rosa Cal como inquietud para publicar ‘Los curas contra Franco’, su último libro que ha presentado en el Ateneo de Madrid.

De la lectura de las páginas de 'Los curas contra Franco' se pueden extraer tres historias. Una pertenece a Ferrol, otra a la represión franquista y sus modos de interrogación y castigo, y una tercera que cuenta cómo una parte de la Iglesia luchaba por mejorar la vida de sus feligreses sin necesidad de esperar el cielo. Un libro necesario para reconstruir los tormentosos años del Franquismo, cuando un grupo de curas comprometidos se armaron -junto con el Partido Comunista y Comisiones Obreras- en lucha contra la dictadura en la ciudad natal del dictador. Fueron Gabriel Vázquez Seijas, Xosé Chao Rego, Vicente Couce, Martínez Aneiros, Cuco Ruiz de Cortázar y Ferreiro Currás los protagonistas de este relato.

‘Los curas contra Franco’ lo considera un libro especial, y no sólo por su historia.“Tiene detrás un trasfondo mi inquietud, por mi formación y por lo que he vivido”, comenta la profesora. Así, Rosa Cal añade: “Me sentía comprometida, además de que me gustaba escribir. Recuerdo que solía recordar sus deberes al Ayuntamiento con escritos que enviaba sobre carreteras en mal estado o zarzales sin podar”.

¿Qué significaron, además de una renovación en la Iglesia gallega, los curas a los que retrata?

Fueron una renovación especial, una minoría que coincidía con el Concilio Vaticano II. Los demás eran convencionalistas, los que tenían una forma pomposa de vivir. Los hombres de los que hablo eran de barrio, vivían como sus feligreses. Como llegaron a una involución querían que esa idea no se dejara ver. La Iglesia del Vaticano enterró ese Concilio y lo quería dejar desaparecer.

¿Fue tan importante el Concilio?

Pues claro, ya que fue el intento de renovar el espíritu del principio. De aquello que decía Jesús de Nazaret, de estar con el pueblo. Porque había que echarse a la calle, a estar con la gente. Es el intento de hacer desaparecer la ostentación, el alardeo, la buena vida.

Deben darse cuenta de que las sociedades han evolucionado, y ellos sin embargo caído en la involución. Ponen la doctrina sobre el Hombre y la vida humana, rechazando todos los avances evidentes de la Ciencia. Jesús de Nazaret no se pondría nunca por encima del pueblo.

¿Qué hacía el parroquiano para ayudar a los feligreses?

En todo lo que podían. Entregaban el dinero. Si cualquier familia necesitaba dinero para pagar la casa, allí estaba ellos para dárselo. Los curas escolarizaban a los niños en los colegios públicos. Acompañaban a las personas en sus últimos días de vida. En aquellos años esto ocurría, pero ya no. Gente próxima, que guiaba al pueblo en todo.

Y todo esto a costa de una dura represión.

La represión en aquella época venía de los de arriba. Los hermanos y poderosos hermanos mayores que los rechazaban y criticaban, e incluso lanzaban rumores sobre ellos para desprestigiarlos. Imagínate. Si había cinco Iglesias que se repartían los funerales, a los que asistían un número de párrocos que cobraban un sustento. De pronto, surge una Iglesia en la que el cura dice que no hay que cobrar, y que solo hace falta uno para enterrar. Pierden una parte del negocio. Eran ellos mismos, los que querían vivir de cobrar las funciones religiosas, los que no los comprendían.

UNA VIDA PARA EDUCAR

Ha trabajado de profesora en colegios antes de doctorarse en Periodismo.

Llevo cuarenta años en la educación. Comencé como maestra nacional en la provincia de Lérida, en el Valle de Arán. Para los niños pequeños utilizaba una metodología diferente. Me prepare para primaria, y luego para secundaria y finalmente para la universidad. Y cada uno con su metodología. Y es que realmente lo mío es vocacional. Si existe la otra, yo volvería a dar clase. Cuando pongo una buena nota para mí es una satisfacción, y si tengo que llamar a alguien para decirle que ha suspendido lo paso mal.

¿Qué respondería si quiero que relacione a la mujer con el Periodismo?

Ha sido un cambio brutal los últimos treinta años. Antes, en esta misma facultad, dijo una vez un profesor que una mujer nunca dirigiría un medio. Han pasado esos treinta años y han dirigido radios, periódicos, revistas y demás. En ‘El País Semanal’ hay mujeres importantes, por ejemplo. La mujer es igual que el hombre. La costumbre de llegar y llegar, de competir con los varones, ha hecho que superarán a los hombres.

¿Conoce la historia de Margarita Henkel, mujer vinculada al socialismo y popular por impulsar la Seguridad Social?

¿Cómo? No la he seguido. […] Seguimos. A mí, por ejemplo, me ha parecido importante la literatura atrevida de Emilia Pardo Bazán. Una mujer gallega, corresponsal internacional en momentos puntuales, con su literatura gallega elevada a nivel nacional. Concepción Arenal, Clara Campoamor, Sofía Casanova con sus crónicas de guerra, o Colombine [seudónimo de Carmen de Burgos]. En realidad no me podría decantar por ninguna, cada una es destaca en lo suyo.

LO QUE VIO Y DESAPARECIÓ

¿Cómo definiría España?

Una nación de naciones. No es muy original, porque no lo he dicho yo. Un conjunto de varias entidades diferentes.[…]
Actualmente veo España como los zorros. Fatal. Con una involución brutal. Todos los que hemos trabajado en una evolución progresistas estamos viendo como volvemos atrás. Se tiene que volver a luchar por lo que se había hecho antes. Dicen que hay libertad. Pero, ¿hay libertad para elegir trabajo?, ¿hay libertad para elegir vivienda?, ¿hay libertad para manifestarse sin que te peguen o te multen? Creo que, con mi edad, veo como estamos perdiendo libertad. ¿En dónde se ha quedado todo lo que hemos caminado? En realidad, en vanagloriar a un Dios, al que todos servimos. Al que todos siguen. El dinero. ¿Y los Estados? No pueden ser unos tiranos, están convirtiendo la Democracia en una tiranía.

Desde luego. Pero antes la Libertad de Expresión estaba sometida a una legislación, ahora es sólo un supuesto. ¿Lo consideraría así?

Yo creo que ahora donde realmente hay libertad de expresión es en las redes sociales. En los medios no, si acaso en los medios locales. En los que la gente puede hablar por radio, o televisión local.

Antes había una libertad de facto, y eso es lo que ya no se ve, y hay que conseguirlo. Se ha coartado esa libertad, no han hecho los medios. También ocurre que lo que tú mismo consideras importante ellos no. La libertad de expresión en la calle es peculiar y a mi me da miedo. Hay una tensión social muy fuerte en muchos sectores. Los médicos, los jueces, los que tienen que manifestarse porque provocan la catarsis. Pero el hecho de que carguen contra esa gente, o con multas de quinientos euros. Todo esto impulsa a la clandestinidad, e impulsar eso es mucho peor que dejar hacerlo.

¿Estas pensando un nuevo título?

Ayer registre un nuevo libro. Trata sobre unos hechos ocurridos en Ferrol en 1972, en los que murieron dos obreros y hubo muchos heridos tras las cargas policiales. Pero tengo dos proyectos, de los que estoy recopilando datos, que habla sobre la radiofusión. Pero ya no te digo nada más.

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