jueves, 17 de enero de 2013

EL JOVEN RECINCHO EUROPEO


La historia de cómo un continente recibió la noticia de que ya no es el mejor.

La masa de polución que causa estragos en China provoca un vuelco de noticias en Occidente. 


Según entra la luz por la ventana, comienza a iluminar la pared blanca. Poco a poco baja la estela de luz por la pared, dejando caer la sombra del armario sobre los rodapiés de la pared, que da justo al lado de la puerta desde la que se ve, al otro lado de la estrecha habitación, la cama. Bajo el montón de mantas que simula un nido despunta un brazo, que se estira y resuena como un “¡Uaaaaaahh…!”. Comienza un nuevo día.  La forma en la que sale el Sol cada mañana, y como cae cada noche, resulta ser un maravilloso instante en el tiempo.

Tiempo al tiempo, y según pasa deja atrás una y mil historias de civilizaciones, de hombres que se despiertan cada día para formarse a sí mismos, constituyendo uno más de entre otros en la ciudad. Despertar, tomar el café, pensar, llegar al trabajo, comer y leer el periódico: “La gran nube de contaminación sobre China vista desde el espacio”, en ABC. La noticia está causando un vuelco de noticias más que prosiguen, en El Boletín: “Niveles de contaminación peligrosos en China”; o en El País: “La fuerte contaminación en Pekín obliga a sus habitantes a refugiarse en casa”.Una información que ha recorrido las cabeceras de los periódicos en España, además del resto del mundo, y Europa en especial. 

En Europa, la International Marxist Tendency, publica una pieza de la que se sustraen frases como “la transformación de China en una economía de ‘mercado socialista’…”; “ no tienen en cuenta ni el derroche de recursos no renovables ni la contaminación”; "La obsolescencia programada o las patentes desaparecerían”; etcétera.  En Italia, cercaziende.it comenta cómo  “las principales ciudades de China están entre los peores del mundo en niveles de polución. El rápido ritmo sin precedentes de ventas de coches está creando embotellamientos severos y contaminación”.  La publicación del medio francés Rejoignez votre comunauté, a través de información dada por la agencia Reuters, que en su versión española titula: “Grave episodio de contaminación atmosférica en China”. Y  dice: “Actualmente, una grave contaminación atmosférica afecta a Pekín y a 44 urbes de China. Desde hace tres días, una espesa nube de smog flota sobre una importante parte del territorio”.


NOTICIAS REPETIDAS HASTA LA SACIEDAD

Resulta alarmante escuchar durante días, semanas o incluso meses como avanza una misma noticia, desde el punto de vista del receptor. No indican los datos de share la capacidad que tiene el espectador de aguantar una noticia. No retienen las ganas de leer del lector. Quizá, por eso, el emisor de los mensajes periodísticos afanado en el número de visitas, en la cantidad de gente que ve el programa, se adentra en los datos para conseguir gustar en Facebook, que te sigan en Twitter, o aguanten con la televisión encendida. En fin, seguir en el sector de los medios de comunicación.

La insistencia del emisor de mensajes periodísticos en un mismo tema, es equiparable a la falsa conciencia del receptor del documento informativo. Cuando el individuo maneja el periódico, sostiene el mando de la televisión o desliza el dedo por el Smartphone se detienen con mayor insistencia en los titulares que contienen palabras llamativas, curiosas o que mantenemos en la memoria. Quizá, por eso, los mensajes llegan a repetirse en los medios.

Esos individuos que caen una y otra vez en la soledad de su lectura, en masa comentan las noticias. En la conciencia se mantienen siempre el pensamiento de lo que está bien o mal, por eso se compadecen juntos los humanos sobre la calamidad que sufren los protagonistas de la noticia. Pobre de ellos, lástima de aquellos. En realidad, en ese día, ya tienen de qué hablar.

VIEJOS HÁBITOS

Después de comer y leer el periódico, me gusta dar un paseo. La costumbre me viene de cuando era tan solo un alevín, cuando solía sacar a pasear a mi pequeño Yorkshire Terrier a la calle Hernán Cortés. En esos caminos, solía encontrarme con mi vecino. En adolescente con carácter enfermizo, recincho en carnes, el cual solía presumir de los gestos más infames que perpetraba contra los pequeños vecinos. Sin embargo, yo, le caía en gracia. Para la gracia suya, aguantar sus históricas humillaciones propias resultaban una desidia, además de una vergüenza ajena apreciable por todos los de la calle Hernán Cortés. Menos por él.

Después de todo, cada día escuchaba como le azotaba a uno u otro, y como se creía el mejor y lo suyo era de lo último que había salido. De todo lo que tenía, de lo que se sentía más orgulloso, era de su pastor alemán. Un joven perro, de pelo brillante y porte exquisito. Aquel día el canino salió desde la puerta de casa a la calle Hernán Cortés con alegre andanza. Un paseo por aquí y por allá con el pelo alumbrando al sol, en vez del sol a él. Levanta la pata en el tercer árbol desde que sale del portal, y se apoya sobre el lomo cerca de su dueño. A lo cual, se le cruza entre las patas un pequeño ratón que comenzaba a corretearle entre las patas. El perro, de un fuerte brinco y con un gracioso aullido se levantó del sitio y se puso a perseguir al ejemplar de espabilado roedor. De un zarpazo a otro, el pastor alemán se cansaba y no alcanzaba a morder al pequeño ratón. Entre tanto, mi yorkshire terrier aparece desde debajo de los pies de mi recincho vecino, y de debajo de las patas del pastor alemán, para llegar justo encima del pobre ratón, dándole bocado de muerte.

LA PENA DEL JOVEN RECINCHO

Entonces, mi pobre vecino se vio envuelto en la desolación. No sólo había visto perder a su perro por un canino más pequeño y ágil, cayó su única excusa para creerse el mejor. Recuerdo que decía que sólo salía a la calle para pasear al perro, y así era. Comenzó a llorar,  a contarme en secreto, que se sentía muy mal consigo mismo. No por ser quien era, sino por no ser quien quería ser. Deseaba lo que otros tenían, y creía que si pegaba a los demás no tendría lo que quiere, pero al menos otros tampoco.

El joven resultaba ser un estereotipo, que no es más que una imagen trillada y con pocos detalles acerca de un grupo de gente que comparte ciertas características, cualidades y habilidades. En realidad, ¿no es eso lo que ocurre con algunos países? ¿No es a lo que recurren algunos medios?

Es decir, si sabemos aprenden de los errores de aquel recincho joven, sabremos aceptar que convivimos en una lucha continua. Cada día se publican miles de noticias, que se explotan por miles de razones. Por interés en que vean nuestra emisora, lean nuestros post en Facebook o mantengan nuestro canal encendido. Pero lo que de verdad importa es lo que se genera con esas noticias que resultan tan repetitivas en la audiencia. ¿Qué pretenden conseguir?

LASTIMA A LOS PROTAGONISTAS

Por ello, se discurre imprescindible reconsiderar el fin de las publicaciones. Resultan turbadoras las noticias que llegan a Occidente sobre las catástrofes. Las consideraciones que se tienen para que algo sea catastrófico según el país de origen, o para valorar lo que es noticia ahora, y luego ya no. En tanto que la imagen que se crea de los países protagonistas del hecho noticioso es de dudable veracidad, poco comprometida con la realidad del lugar, y de replanteable realismo en datos.

Haití, ¿alguien sabe que continúan con nuevos problemas con la naturaleza? Tras el tsunami que asoló la costa del Sudeste Asiático en 2004, ¿sabemos si habrá recuperado esa gente su casa? Resulta espeluznante ser los que reciben la victimización. ¿Es saludable el impacto noticioso para la población?

Por otro lado, ya en los primeros tiempos de las reformas económicas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978, muchas empresas extranjeras descubrieron la oportunidad de acelerar su crecimiento y abaratar costos de producción relocalizando en China parte de sus plantas de producción. China, gracias a una infraestructura en constante desarrollo y a costos laborales relativamente bajos, resulta un destino excepcionalmente atractivo de inversión extranjera.

A algunos les ocurre lo mismo que al joven recincho en carnes de la calle Hernán Cortés, que cuando lo que no puede tener necesita arremete contra ello. Así, China en estos momentos se encuentra viviendo una revolución industrial equiparable a la que vivió Gran Bretaña en el siglo XIX.  Ahora, la vieja y recincha Europa, necesita convencerse de que China no es mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Recomienda este blog!