miércoles, 25 de septiembre de 2013

Arrojo y valentía: Isak Dinesen

Fotograma de la película 'El festín de Babette'.
El silencio dominaba la sala contigua a la cocina, en la que la cocinera de pelo rojizo preparaba con arrojo el festín que redondearía el vientre al capitán y al resto de los callados y casi inamovibles comensales. Colocados en fila, tal cual los cubiertos lo estaban al principio de la cena, señores y señores reafirmaban los comentarios aleatorios de satisfacción del caballero militar. “Miren como relucen estás uvas, jamás habrían visto unas uvas iguales“, decía tan seguro. Mientras que los otros, con un leve cambio en sus facciones aparentaban, de una forma que llegaba a ser incluso real, corroborar lo que placía entre los labios del militar.

Ninguno se atrevía a decir mucho más, excepto una mujer. La que se sentaba en un lugar destacado y alejado de la figura patriarcal del militar, que si estaba en el centro del festín, ella estaba situada en el extremo. Desde allí no sólo reafirmaba lo que decía sino que en un arranque de locura final, sonreía. Ella tenía una hermana pero a su muerte, su vida de alguna manera habría cambiado radicalmente, ella era una parte indispensable para su existencia. Ahora, se encontraba en otra última cena. Con el carácter agriado por la tragedia mas con ganas de volver a recobrar la energía que una vez le hacía vibrar con su voz. Pero ahora estaba allí, buscando una razón para ser feliz ante la adversidad.

En la otra sala, la cocina caliente y humeante, se encontraba la señorita cocinera. Una mujer que con su simple mirada trasmitía la sensación de bienestar, de placer exacerbado. Con un alevín al que ordenaba llevar y traer con simples ordenes todo lo que necesitaría para hacer una estupenda y gloriosa cena. Un placer para los sentidos con los mejores productos. Un caballero, al fondo, sería la figura del catador. Una graciosa caricatura que relaja la escena con sus pintorescos gestos. Todo, reunido entre las paredes del Ser humilde, se encuentra la comodidad alejada de la aristócrata escena de la sala de estar.

En 1987 Gabriel Axel dirige en Dinamarca 'El festín de Babette' película que viene a recrear la escena que se cuenta en el momento inmediatamente anterior. Así, relata la historia de 1871, durante una noche de tormenta, Babette llega a un pueblo de Dinamarca, una aldea en la desolada costa oeste de Jutlandia, huyendo de Francia durante la represión de la Comuna de París. Es empleada como criada y cocinera en la casa de dos solteronas, hijas de un estricto pastor. Allí vive durante catorce años, hasta que un día descubre que por fortuna ha ganado la lotería, y en lugar de regresar a Francia, pide permiso para preparar una cena de celebración del centenario del pastor. En principio, los huéspedes tienen miedo, por temor a dañar a la ley divina al aceptar una cena francesa, pero los platos son la delicia de los asistentes.

RESOLUCIÓN DE LA CUESTIÓN

Aquí se encuentra usted ante un breve resumen de lo que sería el texto de Isak Dinesen, titulado 'El festín de Babette'. Unas líneas atrás habría escenificado una escena de todo lo que habría en la totalidad del escrito, como un intento de trasmitir la naturaleza de la escritura de la reputada Karen Blixen, nacida en Dinamarca en 1885, para dar el último suspiro en 1962.

Gran conocedora del silencio en el texto, lo aprovecha para narrar la escena y dar los máximos detalles para que el lector conozca donde están moviéndose los personajes y así llegar, de alguna manera, a la profundidad del escrito. De esta forma, consigue poseer en el texto unas conversaciones que poco se fundamentan en caer en la divagación, representan la concisión, hasta para la metáfora.

KAREN BLIXEN

Cuando era niña era conocida como Tanne, derivación de su nombre, con el que firmaba alguno de sus dibujos. Los primeros relatos para niños lo firma como Oreola. Sin embargo el más famoso sería el de Isak DInesen, aunque en su segunda obra, ‘Regeneradores anglicanos‘ de 1943, utilizara el original seudónimo de Prez Arakezel, también en masculino. Les gustaba jugar con los seudónimos, ya lo ve, pero en realidad era una forma de combinar las diferentes formas de contar una historia.



En 1912 una mujer no podía andar por el mundo sin un marido, así que la baronesa Dinesen no lo pensó dos veces: Preparo un matrimonio de conveniencia con su primo, el barón Bror Blixen-Finecke, y se lanzó a la aventura de cultivar café en las colonias inglesas del África oriental, exactamente en Kenia, al pie de las colinas de Ngong.

'MEMORIAS DE ÁFRICA'
Karen tenía veintiocho años cuando llego a África y cuarenta y seis cuando la abandonó para siempre. Habría dado cualquier cosa por volver, pero la Segunda Guerra Mundial truncó sus planes. Sólo le quedaban la casa de su familia en Dinamarca, su enorme vocación literaria y unos recuerdos que han conmovido a millones de personas en todo el mundo. “Si le encargas a un kikuyu que te guarde el caballo mientras vas a hacer una visita, escribió, puedes ver en su expresión que espera que tardes lo más posible. No intenta pasar el tiempo, sino que se sienta y vive”.
Amaba África intensa y apasionadamente, pero la aventura de la granja resultó ser mucho más difícil de lo que ella había podido imaginar. Cuando la Primera Gran Guerra alcanzó el continente africano, las batallas entre ingleses y los alemanes produjeron una peligrosa escasez de trabajadores y suministros para la plantación. Además, el este de África experimentó por esa época una terrible una sequía, y por si no era suficiente, en 1917 los británicos prohibieron la importación de café.
Tampoco su vida personal fue un camino de rosas. Mientras ella soñaba con formar una familia y llenar la granja de críos, su marido se dedicaba a fortalecer su reputación de conquistador. Fue en pleno naufragio matrimonial cuando llegó a su vida el guapo Dennis Finch-Hatton, un oficial del ejército británico reconvertido en guía de safari, cazador y piloto. La interminable sabana del África oriental, esplendido hábitat de una vida animal siempre en movimiento, fue el escenario de su tormentoso amor. Todo, de las palabras de los amantes a los bellos paisajes y cielos africanos, ha sido magníficamente recreado por el cine, pero es a su sensibilidad y talento narrativos a los que debemos las conmovedoras e inolvidables 'Memorias de África'.

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