sábado, 10 de mayo de 2014

Hechos históricos curiosos para fardar en el bus

Una recopilación de trozos de la historia más que interesante: El mito de Rómulo y Remo, los amantes de Cleopatra o la leyenda del Santo Grial. 


 ¿Cuántas veces te has subido al bus y te has puesto a hablar con el pasajero de al lado como si os conocierais de toda la vida? ¡Admítelo! Al menos un par de veces te ha ocurrido. Si quieres ser una de esas personas que dejan un buen recuerdo necesitarás coger papel y boli para apuntar estos hechos históricos curiosos que te harán quedar muuuy bien. 


Escribir en España es para llorar. Mariano José de Larra, nacido y fallecido en Madrid, es el prototipo español de escritor romántico, con una vida ajetreada llena de pasiones, una desbordante actividad política, una abundante obra literaria y un final trágico. Su padre fue médico militar a la ordenes de Napoleón, por lo que su familia fue perseguida por afrancesada y tuvo que emigrar a Francia al retirarse las tropas francesas de España, cuando él apenas tenía cuatro años.



En Francia, Realizó sus primeros estudios hasta que, en 1817, Fernando VII concedió una amnistía general y pudieron regresar todos aquellos que habían demostrado sus simpatías hacia Napoleón. Prosiguió sus estudios en Madrid, Valladolid y Valencia. 

Una vez establecida sus residencia en Madrid, frecuentó tertulias literarias y políticas; empezó a publicar bajo seudónimos sus primeros artículos en folletos, entre los que destacan 'El duende satírico del día', en 1928; y 'El pobrecito hablador', en 1832. En 1829 se casó con Josefa Anacleta Wetoret, matrimonio que fracasó y del que tuvieron tres hijos.

"ESCRIBIR EN ESPAÑA ES LLORAR"


En 1832 comenzó su relación amorosa con Dolores Armijo, mujer casada y que influiría muy fuertemente en él; esta relación, junto con su visión crítica y dolorida de la realidad nacional, desembocará en el suicidio de Larra el 13 de febrero de 1837, en que se descerrajó un pistoletazo en la sien. Con su muerte, tan del gusto romántico, desapareció uno de los escritores más representativos de esta época.

Larra aportó a la literatura un concepto actual, el compromiso con la cultura, la moral y la religión desde un estilo conciso y cercano al público medio. Con el seudónimo definitivo de Fígaro, comenzó a colaborar desde 1833 en la 'Revista española' y en 'El Observador', época en la que escribe sus mejores artículos, tanto costumbristas como sobre crítica política y literaria - 'El castellano viejo', 'vuelva usted mañana', 'En este país', 'El día de los difuntos de 1836'-; con ellos realizó una radiografía de los principales tipos humanos y puso de manifiesto la estulticia de los políticos en general, la escasez de brillo en la cultura española y el carácter provinciano de muchos autores que se consideraban a sí mismos en la cima de la creación literaria. Fruto de esta postura procede su amarga reflexión "Escribir en España es llorar", que junto con su famoso "Vuelva Usted mañana" ha hecho tan conocido a su autor. 

CLEOPATRA


Hay que viajar hasta Egipto para conocer el próximo hecho histórico curioso. La última de la larga serie de reyes de Egipto antes de su incorporación al Imperio romano fue Cleopatra VII Filopátor (69-30 a.C.), una figura cuya biografía tiene más rasgos legendarios que reales. Hermana de Ptolomeo XIII -menor que ella y a quien apartó del poder-, comenzó su reinado en el año 51 a.C. Tres años después apareció Julio César por las tierras de Egipto en plena guerra entre ambos hermanos; habiendo sido expulsada del país por los partidarios de Ptolomeo XIII, se presentó ante César envuelta en una alfombra. Tras conseguir su apoyo y reconocimiento como reina de Egipto, la joven Cleopatra -por entonces con 21 años- de gran belleza y aún mayor cultura, pues podía hablar hasta nueve idiomas y conocía la historia de su país, sedujo al maduro general romano -que tenía 54 años- y acabo convirtiéndose en su amante. 



Tras una visita a Roma que duraría un par de años y donde fue agasajada por César -que llegaría hasta el extremo de dedicarle una estatua en el foro recién construido-, Cleopatra tendría un hijo con él, llamado Cesarión, nacido en el 44 a.C., el mismo año en que fuera asesinado el dictador romano. 

REINA DE LA SEDUCCIÓN

Durante los tiempos revueltos posteriores a la muerte de César, Cleopatra consiguió el control absoluto de Egipto y que Roma reconociese a Cesarión como legítimo heredero y futuro rey del país del Nilo

Elisabeth Taylor, en 'Cleopatra', de Joseph L. Mankiewicz (1963).
En el reparto del poder entre los tres dirigentes del nuevo Triunvirato de Roma, a Marco Antonio le tocó el Oriente, con el consiguiente control sobre los asuntos de Egipto. Convocada la reina Cleopatra a presencia del romano, ésta preparó a conciencia y fastuosamente el encuentro: toda una flota de barcos lujosamente adornados y todo su encanto personal consiguieron atraer a Marco Antonio a los intereses de la egipcia; ambos se convertirían en amantes tras su segundo encuentro en el año 40 a.C. y acabarían teniendo dos gemelos. 

Sin embargo, su relación se vería salpicada por los continuos viajes de Marco Antonio ante el enfrentamiento que surgió con otro de los triunviros, Octaviano Augusto, el hijo adoptivo y heredero político del César. Tras la definitiva batalla naval de Actium, en el año 31 a.C., Marco Antonio y Cleopatra huyeron a Egipto, donde se encaminó Augusto persiguiéndoles. 

Ante el avance de Augusto -con quien había intentado negociar, sin éxito-, Cleopatra prefirió la muerte antes de verse exhibida como botín en Roma, por lo que se suicidó usando una serpiente venenosa. Cuando aquel fue derrotado y ante la noticia de la muerte de Cleopatra, Marco Antonio se dejó caer sobre su espada; agonizante, fue trasportado junto a Cleopatra para terminar muriendo en sus brazos.

RÓMULO Y REMO

Replita de la Loba Capitolina
-regalo de Roma- en Mérida (Badajoz).
. La original -medieval- se exhibe
 en los Museo Capitolinos (Roma).
En sus inicios, Roma era tan sólo una aldea de pastores situada en lo alto del Palatino, una de las siete colinas próximas al ró Tiber. Algunos restos de cabañas de troncos, barro y ramaje, además de alguna tumba han permitido situar su origen en el siglo VIII antes de nuestra era. Sin embargo, tan pobres comienzos no se correspondían con el poder y ambición que la ciudad tenía unos siglos después; por ello, ya en el siglo IV a.C., los propios romanos tejieron una historia mítica para sus comienzos, remontándola nada menos que a los tiempos de la guerra de Troya.

Poco antes de caer la ciudad, de allí huirían Eneas y su familia llevándose la estatua de culto de Atenea; tras una larga aventura junto a algunos compañeros, acabarían instalados en las Colinas Albanas, en el Lacio. Unos descendientes suyos, Rómulo y Remo, serían los responsables de la fundación de la ciudad un 23 de abril del 753 a.C., fecha que desde entonces los romanos tomaron como el año uno, el ab Urbe condita de Virgilio.

LA LOBA

La leyenda comienza con dos hermanos, Númitor -rey de Alba Longa- y Aumulio, el usurpador que le destronó. Para evitar problemas, Amulio mandó matar a los herederos varones de Númitor y nombró vestal a su sobrona, Rea Silvia, con el fin de evitar que tuviera descendencia. Sin embargo, la vestal fue violada y concivió dos gemelos, hecho que se atribuyó a la intervención divina de Marte. Los niños fueron dejados en una cesta en el Tíber, recogidos por una loba -el animal sagrado de Marte- y criados por un pastor.

Una vez adultos, Rómulo y Remo castigaron a Amulio y repusieron a su abuelo en el trono, consiguiendo de él los terrenos donde nacieron y se criaron; habían decidido fundar allí una ciudad.

EL SANTO GRIAL 

Si viajamos a la Edad Media, según una tradición, el Santo Grial (o Graal, derivado del latín cratalis, copa o vaso) era una de las más preciadas reliquias del mundo cristiano: se trataba de la copa que empleó Jesucristo para la consagración del vino en la cena del Jueves Santo y cuya existencia es, para los creyentes cristianos, indudable. Tras los hechos de la Pasión, se perdió el rastro de su existencia.


Según la tradición medieval, el vaso sirvió también para que José de Arimetea recogiese la sangre de Jesús en el calvario y su custodia estaba en manos de una recóndita congregación de monjes.

Pero para otros, se trataba sólo de un objeto místico -una bandeja o plato, o también una piedra preciosa vigilada por un grupo de monjes-soldado, los caballeros del Santo Grial -relacionados con la mitología céltica y que se entroncó con el cristianismo.

A partir de ahí, su búsqueda se convirtió en unos de los grandes temas de la épica medieval, relacionada con la pureza y la perfección moral, pues tan sólo los limpios de corazón podrían hallar la reliquia allá donde estuviese escondida, cualidad que se atribuía al caballero Galaal, el hijo de Lanzarote del Lago.

En España, se conoce como el Santo Cáliz a una copa de cornalia, con asas y pie de oro, adornada con perlas y esmeraldas adem´´as de otras piedras preciosas engastadas, que se custodiaba en el monasterio de San Juan de la Peña desde el año 713, cuando fue llevada allí por el obispo de Huesca; fue regalado a Alfonso el Magnánimo por Juan de Navarra en 1437, y desde entonces se venera en la catedral de Valencia.

LA PIEDRA FILOSOFAL

El objetivo de los alquimistas, al fin del último de sus diversos métodos de trabajo en los laboratorios con productos químicos y procesos metalúrgicos era conseguir la piedra filosofal, capaz de transmutar con su simple contacto cualquier objeto en oro.

Pero esta cualidad buscada en semejante amuleto no era tan sólo de tipo material - obtener riquezas con el toque de oro, como si de un nuevo rey Midas se tratara- sino más bien de tipo intelectual, alcanzar el mysterium magnum a través de la manipulación material de las sustancias minerales.

Además de las influencias chinas e indias en la formación de la alquimia medieval, ésta arrancaba directamente de la labor de los sabios de Alejandría, quienes, en época helenística (siglos III al I antes de nuestra era), pretendían encontrar las características de la iniciación en los misterios religiosos a través del estudio de las propiedades de animales, plantas y, sobre todo, de minerales.

CUALIDADES MÁGICAS

Ya en la Antigüedad se buscaba alcanzar la eterna juventud  con el consumo de determinadas plantas o con la ingestión de un elixir; con la llegada de los árabes, la alquimia sustituyó estos materiales por minerales.

La obtención de la piedra suponía la muerte de una materia prima o su regreso a la Naturaleza y su resurrección en forma de nueva materia, el lapis philosophorum, al cual se le atribuían virtudes terapéuticas -curar todo tipo de enfermedades-o incluso mágicas -volverse invisible o volar-; algunos autores la han visto como la repreentación simbólica de Cristo salvador.

DRÁCULA

Cuando en 1897 el escritor de origen irlandés Bram Stoker publicó su novela 'Drácula', que conoció un éxito imparable que ha llegado hasta nuestros días, con su obra no hizo otra cosa que dar una vuelta más de tuerca al viejo tema de los vampiros y a las aún más viejas creencias en la adquisición de vigor -e incluso de inmortalidad- a través de las prácticas del canibalismo. Las abundantes versiones cinematográficas se han encargado de mantener vivo el mito, adornándolo con nuevos y truculentos detalles.

Para realizar la semblanza del protagonista, Stoker se inspiró en la biografía de un personaje histórico que vivió en la Europa oriental del siglo XV. En Transilvania, una montañosa región de la actual Rumanía, vivió y guerreó el conde Vlad Dracul, un típico terrateniente agrícola que procuraba mantenerse independiente de los poderes de la época, la monarquía y la Iglesia, sosteniendo además constantes guerras fronterizas con los turcos.

El conde era llamado el Empalador, pues empleaba con bastante frecuencia este sistema de tortura y ajusticiamiento, consistente en hacer atravesar a un hombre con un palo afilado procurando no herirlo de muerte y alargar su agonía, lo que podría durar hasta tres días. Murió en el año 1476 odiado y con fama de sanguinario, pero muy lejos de la de bebedor de sangre humana que le atribuye su leyenda literaria.

HISTORIAS DE GATOS


La domesticación del gato parece tener su origen en el Oriente Medio, cuando el hombre primitivo se estableció e inventó la agricultura; sin embargo, parece que el gato -felis catus- vivió más bien como un comensal de aves y roedores que como un animal doméstico, pues es un animal solitario e independiente. Su domesticación requirió más tiempo que la de cualquier otro animal; hacia el 3000 a.C., en Egipto los gatos eran tan valiosos como protectores del grano almacenado y en el control de las plagas de roedores que fueron considerados como compañeros de la casa y como dioses.

Allí, a su muerte, el cuerpo del animal se embalsamaba y se llevaba al templo que la diosa Bastet, diosa de la maternidad y la fertilidad, tenía en Bubastis. Esta diosa estaba representada con apariencia de mujer y cabeza de gato. La exportación de gatos fuera de Egipto estaba prohibida, y en determinadas épocas, su posesión era privativa del faraón y de los templos.

En la Grecia antigua apenas era conocido y se empleaban serpientes y comadrejas como cazadores domésticos; en Europa, el empleo del gato como tal se extendió especialmente desde que, en el año 525, llegara a Bizancio la rata común a bordo de un barco de la India, responsable de la propagación de la peste bubónica o peste negra que tantas víctimas provocó a lo largo de toda la Edad Media.

EDAD MEDIA FELINA

Entonces la suerte del gato fue desigual y su buena suerte cambió debido a la superstición generalizada; acusado de diabólico -quizás por su astucia o porque se creía que las brujas podían tomar la forma felina-, con frecuencia fue quemado, torturado, ahorcado y lapidado; una forma muy extendida de ejecutar a una bruja era encerrarla en un saco con varios felinos y arrojarlo al agua. Esto tuvo como consecuencia que las ratas y ratones camparan por todas partes, arrasando ciudades y comarcas y trasmitiendo la peste al hombre, a través de la picadura de las pulgas.

Cuando se descubrió que el gato no era el causante de la peste, se volvió a reconocer su utilidad y lentamente se extendió su cuidado por toda Europa; en algunos hogares estaba presente ya en el siglo XVIII y fue en el siglo XIX cuando comenzaron a seleccionarse razas y realizar exposiciones. Su uso como animal de compañía alcanzó entonces una verdadera expansión, especialmente en las grandes ciudades.


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