viernes, 4 de julio de 2014

La banalidad de 'Salomé' besa a Mérida

'Salomé', de Richard Strauss, es la ópera elegida para inaugurar la LX edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 

Ángeles Blancas ante el cuerpo decapitado de Iokanaán. Fotografía: Jero Morales.

La vanidad de una mujer que lo tuvo todo. La belleza, la riqueza y el amor. Mas nunca, jamás, había reparado en el rechazo. Salomé se llamaba. Salomé le decían. "No me obligues a hacer eso, sabes que lo haría por ti", protestaba su padre ante los ojos del público. Ella acabaría besando los labios ensangrentados de la cabeza descolgada del resto del cuerpo de Juan el Bautista. Los espectadores estaban atónitos ante la maravilla. El estreno, día 2 de junio, de la  ópera 'Salomé' como inauguración de la 60º edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida ha sido una perfecta -y cruel- efeméride: se cumplen 150 años del nacimiento del autor de la obra, Richard Strauss. 


Podía tenerlo todo: joyas, oro, rubís. Salomé sólo quería la cabeza de Juan el Bautista. “Será un espectáculo que no se ve todos los días y que va a costar olvidar”, prometía su director, Paco Azorín, en la rueda de prensa. Y así fue: los asistentes al estreno pudieron ver la actuación de Gun-Brit Barkmin, soprano que repetirá el día 5, y Ángeles Blancas, el 4 y 6 de julio, como segunda soprano para la obra inaugural del Festival de Mérida. El doblete de voces hacen que la ópera pueda apreciarse con dos toques. "Son dos sopranos muy distintas que le darán a Salomé diferentes roles y se podrá ver a dos Salomés, por lo que invitaría al público a verla dos veces", asegura Azorín.

Esta 'Salomé' está inspirada en la historia bíblica sobre la decapitación de Juan el Bautista, y se ha concebido como "una ópera para todos los públicos", explica su director. Es el texto integro que Richard Strauss presentó por primera vez en Viena en 1905, y que terminaría siendo prohibida. El impacto de la dureza de la historia fue motivo incluso para que la actriz principal, Marie Wittich, rechazara en su día bailar 'La Danza de los siete velos' por el erotismo de los movimientos.

La puesta en escena es "muy teatral", lo que la hace asequible tanto para un público de ópera como para el que se estrena por primera vez en este tipo de espectáculos musicales. Dispuesta en dos planos bien diferenciados, la escena se presenta, por un lado, con la corte de Herodes, representada como paradigma de placer y sensualidad, cuyos máximos representantes son él mismo y Herodes. La orgía, el incesto, el despilfarro y el erotismo en estado puro. Enfrente aparece el plano de Iokanaán, nombre que recibe en la obra el profeta, como símbolo de pureza, de intransigencia moral y por ello, muy peligroso para el status quo de Herodes. Pureza y banalidad se encuentran cara a cara.

LA MÚSICA ES LA CLAVE

"Es una oportunidad muy bonita para la Orquesta de Extremadura", comentaba Azorín en la rueda de prensa de presentación de 'Salomé'. Y es que, la música corre a cargo de la OEx, bajo la dirección de Álvaro Albiach, que interpreta en directo la música de Strauss mientras las cantantes hacen voz en alemán (y con subtítulos en castellano, por supuesto). Por su parte, Álvaro Albiach comenta que "'Salomé' rompe moldes por su concepción, por lo que relata, pero principalmente por una instrumentación muy atrevida". 

Imágenes del ensayo general de 'Salomé'. J. Morales.

Azorín comenta que la pieza es "muy difícil" pero "tremendamente sugerente y de las más sensuales". "Salomé habla de la libertad y del deseo de la mujer y de una mujer que no parece tener límites para conseguir lo que quiere. Por eso la música es el máximo exponente de la sensualidad, una sensualidad oriental", que dice Azorín haberse inspirado para crear la escenografía que tiene dos elementos clave: Una luna de 5 metros de diámetro suspendida con una grúa, y que no sólo preside toda la escena, sino que se va transformando a lo largo de la ópera para marcar diferentes estados de emoción. 

Además del canto y la música, el baile es también protagonista indiscutible de la pieza. El reconocido coreógrafo Víctor Ullate firma la coreografía de 'La danza de los siete velos' que interpretará la bailarina Arantxa Sagordoy. "Es la danza más famosa y seductora de la historia antigua, que utiliza salomé para conseguir del otro lo que quiere, y es muy importante en la obra. Así que necesitaba desdoblar a la cantante en una bailarina", detalla Azorín.

SANGRE EN LOS LABIOS


¿Quién desconoce la triste historia de Salomé, Herodes, Herodías y Juan el Bautista? Los hechos transcurren durante una fiesta en el palacio del rey Herodes, lugar en el cual la princesa Salomé escucha la voz del profeta encerrado, maldiciendo a su madre. Insiste en verlo, aunque los guardias le avisen de que "!Algo terrible va a ocurrir!", repetían con sus potentes voces los cantantes. 
Cuando le tiene ante sí, observando su enroscado pelo y la voluptuosidad de sus músculos, siente una irremediable atracción por él. El Bautista la rechaza. Niega dejarse tocar por Salomé. Esa noche, a su vez, el rey se habría encaprichado de su hijastra Salomé ante el disgusto de su mujer y madre de ésta, Herodías. La joven sólo accede, sin embargo, a bailar para él si promete concederle un deseo. "No debes mirarla así, algo terrible va a ocurrir", repetía incesante Herodias.

Gun-Brit Barkmin, soprano alemana, llora ante la cabeza de Juan el Bautista. Fotografía de Jero Morales.

Pero Herodes, vicioso, está loco por verla desnuda. Salomé con el único deseo de conseguir los labios de Iokanaán, accede, así es que Salomé interpreta para él 'La danza de los siete velos'. A cambio, incesante y obsesa, exige la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja de plata.
Incapaz de contentarla con otra cosa, Herodes finalmente accede a concederle su capricho. Cuando tiene ante sí la cabeza cubierta de sangre, Salomé besa los labios del profeta. Su padrastro, encolerizado y horrorizado por lo que está viendo, ordena la muerte de la bella Salomé.

'Salomé' ocupa uno de los primeros puestos, el 32, en el ranking de las óperas más representadas del mundo. En Alemania, por ejemplo, es la tercera que más vieron los germanos; y la que más veces se ha puesto en escena de Strauss. Todo esto indica el interés que el público tiene por la trágica historia, situándola, de paso, como la obra más representativa del compositor alemán. 

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