domingo, 10 de agosto de 2014

Antonio Pagudo: “El Festival de Mérida es una muesca más de la ruleta del revólver”

Para el actor haber pisado suelo emeritense con la obra 'El Eunuco' ha supuesto "un reto del que todo el mundo me avisaba que disfrutaría muchísimo", cuenta.

Fotografía tomada en la sala de exposiciones Santa Clara junto al "gran Imanol Arias", le refiere Pagudo.

"Hay que saber ir poco a poco. Saber estar, aparecer y desaparecer". Aquellas palabras que le dijese un día Imanol Arias a Antonio Pagudo, le han valido para hacer su camino. Esa linde que ya seguía desde pequeño en Baza, su pueblo de Granada, y que ha seguido durante toda su vida: la del teatro. Ahora está en el Teatro romano de Mérida con 'El Eunuco' de Terencio, para la cual Pep Antón Gómez junto con Jordi Sánchez le eligieron para representar a Fedrias en la 60º edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida


En Mérida disfrutando de "lo riquísimo que está todo, me voy a ir con unos kilos extremeños", comenta Antonio Pagudo sobre la gastronomía de la capital. Ya ha pisado las ruinas emeritenses, y hasta se ha hecho de una bellota que lleva en la muñeca. "¡Ya soy bellotero!", dice ilusionado. Su paso por Mérida ha sido como le habían avisado. El fruto dorado, atado con una cinta roja, es un signo del cariño que siente sobre las tablas extremeñas. Fue un regalo del coreógrafo de la función, y dice sobre la pequeña bellota que "sirve para consagrarme con el espacio".

Antonio Pagudo  (Baza, Granada, 2 de febrero de 1977) es un actor que empezó a los catorce años a explorar el teatro en el pequeño pueblo andaluz en el que nació. En las fiestas, las de Cascamorra. En la que los padres corren junto a sus hijos, y que "todos los baetanos tenemos muy presentes", relata el actor. De allí recuerda sus actuaciones en las fiestas locales, en el teatro Dengra en el que actuaba y que ahora se encuentra cerrado.

UN VIDA PARA EL TEATRO

Lo dejó para irse a Madrid, a la Real Escuela Superior de Arte Dramático, a estudiar teatro gestual. Y después se aventuró a recorrer Roma, Tokio, París y muchos lugares más del mundo con 'Spingo' o 'Star Trip' de Yllana, compañía con la que ha "aprendido tanto y que impregna todo lo que hago". Así, Antonio Pagudo anduvo hasta que llegó al mundo de la televisión. Con 'La que se avecina', con el personaje de Javier Maroto, en el que todo el mundo conoce. 

-Ahora los dos imitándole, ¿sí?
- No, yo como diciendo "¿Pero qué haces...?"
Pero en la gran pantalla ya había participado en proyectos independientes, tales como 'Mi tío Paco', de Tacho González; o 'El Síndrome de Svenson', de Kepa Sojo. Pero también, otros también le recuerdan cuando apareció en 'Cuéntame cómo pasó' en el papel de Sergio "el del catastro". Y algún avispado espectador avisaría que en televisión salió en 'Odiosas', de 2006; o 'Miradas 2', en 2010. E incluso en CanalSur. Sea como fuere, de todo lo que aprendió y recorrió, aquí deja un poco.

LA ENTREVISTA

¿Qué significa para ti pisar las tablas romanas?
Ha sido un placer participar de un festival tan importante para toda España y sobre todo para los actores. La verdad es que todos los compañeros de la profesión se han volcado. Y gente que ya ha pasado por este escenario me comenta y dice que me iba a encantar y que iba a ser una experiencia alucinante. Y así ha sido. Además de la mano de  'ElEunuco' tan maravilloso que ha gustado tanto y con el que la gente ha disfrutado mucho.  


Es una obra muy coral, en la que los actores son totalmente imprescindibles, ¿cuál ha sido la parte más complicada?
Hay un trabajo muy duro detrás. Llevamos dos meses trabajando para llegar al estreno muy bien, para poder estar cómodos en el escenario y disfrutar la comedia. Para ello los actores tienen que estar liberados de la presión del texto, de las marcas, del movimiento escénico… […] Pero realmente ayer era la primera vez que hacíamos contacto con el público. Y es muy impactante ver lo que gusta más y lo que gusta menos. Lo hemos podido disfrutar, por ese trabajo tan duro.


Se nota cuando entráis entre el público, que la gente empieza a cuchichear… 
La verdad es que sabíamos que aparecer entre el público llamaría la atención, porque entramos en escena mirando a la gente directamente a la cara. “¿Qué hace aquí esta gente?”, era la nota que nos daba la dirección. ¿Por qué está esta gente aquí? ¿Por qué nos está mirando? Realmente es impresionante, cuando te das cuenta que son 3.000 personas que están ahí, los que te están mirando y que además conocen tu trabajo de antes. La verdad que esa sensación nada más empezar es un verdadero aporte de energía. Ha sido un acierto, ya que quitábamos la barrera entre los actores y el público, para fundirnos y hacer el espectáculo realmente divertido.



Género vodevil, teatro de variedades…  Son muchas cosas a la vez para llevar a escena, ¿cómo lo has preparado?
Pues sí, y lo más complicado ha sido lo de cantar. Era mi primera vez. La verdad es que me especialicé en teatro de gesto. Después he estado doce años trabajando con Yllana, que básicamente hace “humor sin palabras”. Y esta ha sido mi primera vez solamente hablando, y encima en el Teatro Romano de Mérida. Pero a todo esto había que sumarle ahora cantar, que nunca lo había hecho y además delante de 3.000 personas. Pero la verdad es que le hemos puesto mucho cariño y a la gente le ha gustado. Además el trabajo de la banda es estupendo, la ayuda del equipo técnico, las coreografías… Pero desde luego, en total han hecho ese mundo tan divertido que ha hecho disfrutar tanto, pero sobre todo porque  ha sido un reto.

CHICO SENCILLO

Hay muchas cosas que te apasionan, pero… ¿Y los bocatas de carne?
Está todo genial. Lo primero que hice al llegar fue comerme unas migas. Me encanta la comida de aquí. Desde luego me voy a ir de Mérida con un par de kilos extremeños encima.  En nuestro cuerpo, en nuestro cuerpo… porque vaya, esta riquísimo todo.

Sede del Festival de Mérida.
Conocí a una sobrina de tu vecina de una amiga… blablabla… De Baza, vaya. ¡Me chivó tu gusto por los bocadillos! ¡De ese bar de Baza!
Jajaja… La verdad es que estoy muy orgulloso de mi pueblo y de todos sus proyectos.  ¿Os conocéis personalmente?


Yo conozco, supongo, que a la sobrina de la vecina…
La verdad es que los tengo muy abandonados. Llevo mucho tiempo fuera y no puedo bajar tanto como quisiera. Esto es así, el mundo en el que estoy a veces tienes mucho trabajo y otras tienes parones y puedes atender más a los tuyos. Pero de todas formas mi familia ya me tiene informado. 


Claro, y también me habían dicho que las fiestas de Cascamorra tienen algo especial.
Claro que sí. Desde los catorce años ya he participado en esas fiestas,  del movimiento cultural de Baza, representando teatro con un grupo amateur llamado ‘Verea’, que fueron los primeros que me dieron una oportunidad. Luego cuando me fui a Madrid, a la Real Escuela de Arte Dramático llegué con una ventaja. Estuve mucho tiempo interactuando con un teatro maravilloso. Siempre dije que cuando llegué a Madrid a estudiar teatro desde luego tenía ya unas tablas hechas, llegué con cosas aprendidas.

Tenías dos sueños, que era que tus hijos corrieran en la Cascamorra y el otro…
Tengo muchos sueños, desde luego contar con la reapertura del teatro Dengra.

¿Y montar una escuela un Granada?
Claro, eso sería maravilloso. Cuando tuve que salir de mi tierra e irme tan lejos pensé que hubiera estado genial que para toda esa gente con tanto arte de granada pudiera tener una escuela donde poder desarrollarse y avanzar. No sé cómo estará el panorama ahora mismo en Granada, pero supongo que habrá gente trabajando y haciendo cosas interesantes. Pero desde luego llevo tiempo pensando que sería maravilloso tener mi retiro en Granada y aportar a todo el que quisiera lo que a mí me ha dado esta profesión. 


Y lo del Cascamorra por supuesto. Porque es algo que tenemos muy presente todos los bastetanos. Desde el primero momento yo veía a los padres disfrutando con sus hijos y siempre lo he querido hacer. Lo que pasa es que el ritmo de grabaciones de ‘La que se avecina’ es muy duro, que lo terminamos de grabar en diciembre. Llevamos casi cuatro años sin vacaciones en verano. No tenemos ni un respiro, pero desde luego el momento de correr la Cascamorra llegará.


VIVIR PARA ACTUAR, ACTUAR PARA VIVIR


¿Qué significa el teatro para ti?
Es mi vida. Tengo 37 años y llevo toda mi vida haciéndolo, ya no entiendo mi vida sin teatro. Todo lo que tengo es consecuencia de lo que hago y cada día aprendo más a cómo comunicarlo con la gente. Pero realmente donde me siento bien y cómodo es haciendo teatro. Tanto esta propuesta de ‘El Eunuco’ como con cualquier otra. Como en Yllana con la que llevo 12 años con su técnica de humor sin palabras, completamente física, sin límites. Y esperar a más propuestas, espero.


¿Qué es el humor sin palabras?
Es ese estilo de comedia en la que no se dice nada. En la que somos unos mimos locos, en la que verdaderamente no se dice nada. En los doce años que he estado con la compañía Yllana he podido recorrer el mundo a hacer teatro. He ido a Francia, Holanda…. Y hasta a Tokio, representando teatro. Es una maravilla, se aprende muchísimo. Y eso queda un poco en todos los trabajos que hago, tanto en ‘La que se avecina’ como ahora en ‘El Eunuco’. Amplían nuestra forma de expresarnos.  Es, es… No sé…

Como la vida misma…
Eso es. Los gestos están en nuestra vida. Y eso es lo que hacemos cuando hacemos este estilo de teatro, observando.

¿Te fijas de los demás para actuar?
Al final los actores hacemos eso, recogemos los gestos, los imitamos. Y siempre se muestra, al final, de una forma más consciente menos. Por eso es una de las cosas que no podemos perder. Y fijándonos y creando personajes fijándonos en cosas que hemos podido ver.

¿Cuál es la actuación de la que te sientes más orgulloso?
Es muy difícil elegir. A mí me gustan los retos. Eso siempre. Me gusta la gente que hace monólogos y siempre quise hacer uno la verdad. Y cuando fui al Club de la Comedia me surgió la problemática de cómo hacerlo y salió bien. Lo mismo cuando apareció la televisión en mi vida. Aprender, estar, entrar, observar, aprender de los profesionales…

PRÓXIMA PARADA: MÉRIDA

¿Qué es lo que más te impresionó del estreno de ‘El Eunuco’?
Yo tengo grabado el momento de los saludos. Cuando la gente, al acercarnos uno a uno a saludar, que todos se levantaran con un aplauso tan fuerte… Después de dos horas de espectáculo con los asientos que no son tan cómodos… Pues se agradece.


Y al final consigues el amor, ¿merece la pena sufrir?
Desde luego. Hay que luchar hasta el final. Y el amor es lo que mueve el mundo y no el dinero. Nos tienen engañados. Es un mensaje muy positivo, y lo comentaba también en la radio que la idea que me encantaría que sucediera es que el público terminara abrazando y besando la gente que tiene a su alrededor. Que por un instante el amor pasara del escenario al patio de butacas. Y yo creo que se consigue, que si logras hacer reír, se queda con el mensaje. Y para sufrir ya está el día a día.

Antonio Pagudo en Mérida.
¿Se nota la energía del público en el escenario?
Sí, claro. En la respuesta. Ayer estábamos descubriendo todas las respuestas de la gente porque es un estreno. Descubrir dónde se ríe la gente, e ir cambiando.

¿Va cambiando la obra día a día?
Por supuesto. Nosotros somos humanos y nos impregnamos de las cosas que suceden. Y desde lo de ayer ya sabes cosas nuevas, y cambiará. La estructura es muy buena, la propuesta de Pep Antón está muy bien hecha. Había algunas cosas en las que nosotros no esperábamos respuesta y sin embargo después veíamos que sí, en diferentes momentos. O alguna frase que surge, debido a esa conexión. Ojalá sigamos dentro de un año, y algunas cositas seguro que irán cambiando.

¿Hubo algo que saliera de forma diferente a lo preparado?
No hubo ningún error, ni algo que tuviera que haberse hecho de otra forma. La única pega que puedo ponerme a mí mismo, es que el teatro impresionaba. Soy humano y afecta ver 3.000 personas. Al personaje no le debe ocurrir, pero desde luego al actor le hace señal la impresión de la energía.

¿Cómo se controlan los nervios?
Pues ahí entran las técnicas que se aprenden cuando empiezas a hacer teatro. Las técnicas de relajación. Pero en realidad te dices a ti mismo que no quieres relajarte, sino explotar. Y en verdad es lo más importante… Pero bueno también hay tablas, y el elenco entero íbamos muy confiados y seguros porque el producto es bueno.

¿Y tienes alguna tradición antes de salir a escena?
Poco a poco se van metiendo cositas. Yo siempre era de un chicle de menta. Ahora, por cosas de cuidar la voz, un caramelo de jengibre. Y en esta ocasión el regalo del coreógrafo: una bellotita que llevo en la muñeca, para consagrarme con el espacio. Es el elemento que se va a ligar a ‘El Eunuco’.  Luego siempre es algo mío, de entrar con el pie derecho al escenario y exhalar aire para inhalar una buena bocanada de aire fresco.

DE CUANDO JAVIER MAROTO

¿Tienes algún proyecto en mente?

De momento hasta diciembre enero estaremos con la octava temporada 'La que se avecina'. Te puedo contar que habrá muchos exteriores. Iremos a la selva. Lo bueno de esta serie es que los personajes son muy locos y cada día nos reímos con los guiones. Y es que no sé qué les queda por hacer. Hacer reír es verdaderamente difícil.

¿Y el vanquila.tdg··4%..?
¡El vampilicántropo! Vamos a echar mucho de menos a este personaje. La verdad es que la estabilidad en un personaje es la muerte de la comedia. Donde mejor podemos expresar con el sufrimiento del personaje. Y es que las desgracias ajenas terminan por hacer reír al otro. Y una de las penas de Lola, Macarena Gómez, pierda el puesto de trabajo tan estable que tenía, ser protagonista de una serie.

¿Y Estela Reynol estará?
Bueno, es un personaje que requiere mucha energía, es un personaje muy difícil, y cada uno prefiere explorar campos diferentes en algún momento de su vida. Disfrutaremos de Estela en una nueva serie, además de su espectáculo de ‘Lo mejor de Antonia San Juan’ que son sus mejores monólogos y está ahora en escena por toda España. Y es que tenemos grandes artista en este país. Debemos mimarnos y apoyarnos. 

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