lunes, 22 de febrero de 2016

"Mi pareja y yo tuvimos que soportar a la peor ralea de esta ciudad, a la cara amarga de Europa"




Un post conmovedor. Un amigo, del que hace mucho que no sé nada, hoy nos ha dado una mala noticia a través de Facebook: ha sido la diana de un xenófobo, homófobo, "la peor ralea de esta ciudad", atestigua refiriéndose al agresor. Hoy, acompañado por su novio, ha sufrido en el Metro de Madrid amenazas e insultos por su condición sexual y la nacionalidad de su chico. 


El texto explica cómo el grupo de agresores alcoholizados estuvo acorralando a los viajeros en el tren. Cuenta cómo se sintió, qué hizo. Desde la parada de Oporto de Metro de Madrid, hasta llegar a Ópera, en la línea 5, aguantaron prácticamente sin la presencia de testigos vejaciones sin límite. 

"Por suerte hay gente que les planta cara, que les mira a los ojos sin temor y que no rehuye del enfrentamiento, que no les otorga la sensación de poder de la cual son adictos", comenta el joven

Aquí se incluye el texto del post al completo: 


"Ayer, volviendo de los domingos flamencos, mi pareja y yo tuvimos que soportar a la peor ralea de esta cuidad, a la cara amarga de Europa, a la encarnación de la estupidez humana. Ya a la entrada del metro de Oporto (Carabanchel) nos había sorprendido una pintada que rezaba "Muerte a la escoria judaica", acompañada de un esvástica. Me alertó porque parecía reciente y porque no esperaría encontrarme una eslogan parecido en Carabanchel, aunque siempre hay manzanas podridas.


Nos montamos en el metro, Jahir, mestizo, con su guayabera que traía, muy elegante, de bailar y tocar son jarocho horas antes. Portaba una silla 0que habíamos cogido del centro social para poner en nuestro escritorio. Yo estaba demolido del domingo. En el vagón, nadie excepto una pareja que se había montado a la par que nosotros. Desde muy pronto masqué la tensión, no por la pareja sino porque algo presentía. Un par de paradas más adelante las dudas se despejaron cuando entraron 5 nazis hooligans, borrachxs, en actitud desafiante, canturreando idioteces y simplezas, gritos racistas, homófobos, menciones a Carmena, insultos. Cuatro de ellxs se sentaron rodeándonos completamente. El quinto se mantivo de pie, nervioso y excitado, quizás el más borracho. Muy machito, comenzó a buscar pelea, primero provocando con gritos de negros de mierda, luego fijó su atención en un chico que se acababa de montar, con gafas de pasta, al que quiso identificar como seguidor de Carmena. 

El chico se bajó a la siguiente estación y el skin aprovechó para soltar su traca final contra él. Una de ellxs le llamó a la calma, pero el machirulo tenía la testo por las nubes. El nazi se puso a mi derecha, moviéndose y apoyándose en mí con cierta sorna. Escupiendo cáscaras de pipas a su alrededor y lanzando muestras de odio, refiriéndose a mí y a mi amante. Nosotros no nos movimos, Jahir les miraba fijamente, pero no dijo palabra alguna. Yo miraba al libro que fingía leer, mientras pensaba en esa botella de vidrio que tenía en la mochila. Jahir sujetaba con fuerza la silla, como si se la fuera a estampar en cualquier momento al que tuviera mas cerca. Al final, el mas macho no se pudo controlar y cargó contra Jahir. ¿Dónde has robado eso? Jahir no contestó, yo intenté desviar la atención -es nuestra, no es robada, vamos a tener la fiesta en paz que ya nos vamos- Por suerte estábamos llegando a Ópera. Cogimos nuestras cosas y nos marchamos, yo temblando, Jahir rabioso e impotente. 

Los nazis de ayer iban perfectamente identificados, con simbología y parafernalia. Hacía 6 años que no preocupaba esta escoria, que no prestaba atención cuando iba por la calle, que no limitaban mis movimientos. Yo soy una persona temerosa, sin grandes dotes para el combate, sin gran masa corporal, quizás algo débil. Por suerte hay gente que les planta cara, que les mira a los ojos sin temor y que no rehuye del enfrentamiento, que no les otorga la sensación de poder de la cual son adictos. Ole por esa gente". 

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